martes, 27 de octubre de 2009

Mi poética
Es géminis, como yo. No sé de qué humor trazará mis estrofas el lunes. Observaré su andar voluble, espontáneo, sobre un nuevo blanco que sabrá suyo. Tallará su contoneo entre mis manos, y éstas moldearán su cintura, gruesa o de avispa, a la medida exacta de sus deseos. De su voz saldrán lamentos, carcajadas, suspiros, alondras, hechizos en cascada, insomnio. Y yo cederé a su capricho alado, que siempre logra aliviar el peso inútil de unos hombros rendidos. A veces es tosca y descarada, frotaría esa lengua con litros del rocío de abril, que lava más blanco. Otras, entona una canción tranquila y se encarama a una estrella para mostrarme el lenguaje sereno de la espuma. No obedece a normas de prudencia o decoro: baila desnuda sobre mesas y charcos aireando secretos que sólo ella conoce de mí y cubre de migas de madalena su torso para que mis palomas nunca mueran de pena. Descifro su perfume, si asiente, al caer la tarde: juego, saberes viejos, tréboles de aire, silencio, en una aleación que lleva un compás tarareado. Cuando no lo hago, el orgullo es el que atiende al rumor herido y puede alejarse días enteros: desierto, rabieta de silencios, ausencia, astucia que apunta a mi escucha distraída, tormento. Por suerte siempre acaba volviendo para llenar de vida, como un pájaro el cielo, mis palabras.

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