lunes, 20 de abril de 2009

¿Cuerdo = con cuerdas?

Abriendo mi mente a nuevas lógicas comerciales

Delante de una fachada blanca del pueblo de Zahara, a unos cincuenta metros de la playa, una niña de alrededor de ocho años guiñaba sus ojos al sol del mediodía desde una silla de plástico, mientras su hermano, que no debía pasar de los cuatro, saltaba una y otra vez al asfalto para acabar sentándose de un brinco en el borde de la acera. Vendían conchas pintadas que exponían sobre dos cajas de cartón dispuestas boca abajo. Sobre una de las cajas había ocho conchas de colores y una hoja de papel que decía “conchas de la suerte” y sobre la otra caja exhibían un número similar de conchas de colores pero sin alusión alguna a la cualidad de atraer la buena fortuna.

-¿Unas conchas son de la suerte y las otras no? -Pregunté con cierto desconcierto. La niña hizo un gesto afirmativo con la cabeza sin despegar la espalda del respaldo de la silla -¿Y por qué vendes conchas que no dan suerte junto con otras que sí? porque me imagino que nadie querrá comprar las que no traen suerte - dije.

-Porque unas son de la suerte y la otras no – contestó con una naturalidad rotunda y serena.

-Verás - volví a insistir no sé si tratando de convencerla yo a ella o de que ella me convenciese a mí - necesito diez conchas de la suerte para regalar y en esta caja sólo tienes ocho ¿No podrías hacer algo para que estas otras también fuesen de la suerte?

-No, de la suerte solo tengo éstas de aquí - afirmó sin mostrar el más mínimo signo de dubitación mercante ante mi propuesta.

Me alejé de allí con las ocho conchas de la suerte en el bolsillo, sintiendo mi cerebro desencapsulado y esponjoso, y con una sensación de alivio al haber vislumbrado, por unos minutos, un mundo de mentes sin corsés construido sobre nuevos paradigmas de satisfacción.

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