lunes, 9 de febrero de 2009

Paseo de noche

Llueve fuera aunque mi almohada silencie ese murmullo con su vuelo extendido. Me dejo ir y pierdo en un instante el rumor de las nubes llegando al otro lado con la piel seca y los huesos calados. Estornudo con la fuerza que me da el viento y con la excusa de un siglo de silencio y de torbellinos enredados. La luna me mira...y yo miro al suelo con sonrojo. Tropiezo una y otra vez con las brechas del asfalto porque estoy hecha de la pasta que atraviesa selvas y volcanes. Y la luna vuelve a mirarme. No escapo al aullido de su noche iluminada, ni a su brisa ligera, ni a su olor a tierra mojada..., y trepo por los lazos que su reflejo teje en mi alma. Sonríe extendiendo su aliento por la ladera mientras me guía entre cumbres de incienso y mares en vela. Y me envuelve en violines de aire, al compás de su baile, dejando un rastro de seda. Y yo la miro, mientras alumbra al ermitaño del camino, y la miro en el acantilado, endulzar el salto del desengaño. Corona mis noches su danza guerrera con locos, ninfas, mareas... mientras arroja al mar cuerdas de plata para llenar de barcas las orillas de los que esperan, y sueñan, al alba.

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